Saturday Evening Girls

Había una vez un club de mujeres jóvenes, provenientes de familias inmigrantes radicadas en Estados Unidos, que cada tarde de sábado se reunían a aprender sobre clásicos literarios y crear maravillosas obras de arte domésticas, enseñándole a su entorno que su talento podía embellecer el mundo y que su intelecto las llevaría a alcanzar ese vetado lugar en la sociedad, tres décadas antes del establecimiento del voto femenino.

 

 

A fines del siglo XIX, el barrio North End de Boston se convirtió en el escenario de un inusitado encuentro femenino en torno a la lectura y el arte. Hacia 1899, se habían establecido una serie de grupos de lectura con el fin de complementar la irregular educación que muchas jóvenes habían recibido: muchas debían abandonar la escuela para entrar al mundo laboral, debido a las condiciones miserables en que vivían sus familias, la mayoría conformadas por obreros inmigrantes judías e italianas. El más célebre de estos clubes fue el Saturday Evening Girls, fundado por la bibliotecaria Edith Guerrier quien, por ese entonces, estaba rondando sus treinta años. Edith anhelaba que, a través de la educación, las jóvenes se empoderaran socialmente, desarrollaran su sentido de apreciación estética y mantuvieran un estilo de vida sano. Pronto el club sumó niñas de otras edades, que se reunían otros días de la semana, y así sus inquietudes de aprendizaje eran cubiertas con disciplinas que iban más allá del currículum escolar: danza, canto y teatro. Así, en los clubes se leía en voz alta a Shakespeare y Dickens, se discutía sobre temas políticos y se bailaban danzas folclóricas.

Entre 1907 y 1908, Helen Osborne Storrow, una filántropa de la ciudad, motivó a Edith a que este club no solo brindara educación complementaria a las niñas, sino que también les permitiera potenciar habilidades artísticas y laborales, y recibir un sueldo para financiar sus gastos personales. Con la ayuda de la diseñadora e ilustradora de libros infantiles Edith Brown, Guerrier formó la compañía de cerámica Paul Revere, en un edificio que Helen compró como sede para los clubes de lectura del barrio: desde el último piso, donde funcionaba el taller, descendían las preciosas creaciones cerámicas, que se vendían en una tienda ubicada en el primer piso. Desde ese momento, Saturday Evening Girls se convirtió en la cuna de las más importantes ceramistas de la ciudad y en un ícono del movimiento Arts and Crafts, el que buscaba integrar el arte a la vida cotidiana.

 

 

A diferencia de otros talleres de trabajo de la ciudad, el edificio de Paul Revere Pottery ofrecía a sus jóvenes un espacio saludable, limpio, cómodo y bello para desenvolverse. Edith Brown diseñaba los motivos que, más tarde, decorarían las tazas, platos, jarras y otros objetos confeccionados manualmente por las jóvenes. En general, los motivos eran florales o animales, inspirados en el mundo de la naturaleza y en sus valores, tan alejados de la atmósfera sucia y avasalladora de la ciudad. En muchas ocasiones, alguna de las niñas del club leía un cuento u obra teatral para inspirar la creación: fue lo que sucedió con un tazón bautizado como “The forest and nightingale”, hecho en diciembre de 1914, que contiene versos del texto Chantecler del dramaturgo francés Edmond Rostand, y cuyas decoraciones fueron elaboradas por Sara Galner, una de las ceramistas más destacadas del club, quien se especializó en ornamentación floral.

 

Sara Galner trabajando en Paul Revere, c. 1914.

 

Tazón “The forest and nightingale”

 

Gracias a la iniciativa de Helen y las tocayas Edith, muchas jóvenes de principios del siglo XX pudieron aprender un oficio en un ambiente amistoso y protegido, que para algunas se convertiría en una profesión, como lo fue para Sara, y acorde con los movimientos artísticos pro artesanía propios de la época. Con los dividendos de la confección y decoración cerámica, muchas de ellas no tuvieron que depender enteramente de su familia o marido. El club, debido a la participación estadounidense en la Segunda Guerra Mundial, dejó paulatinamente de reunirse pero el taller y la tienda de cerámicas estuvieron abiertos hasta 1942. Parte del legado material de las Saturday Evening Girls puede admirarse en el Museum of Fine Arts de Boston. Su legado espiritual –su mensaje de empoderamiento y educación femeninos- resuena con mucha fuerza por estos días, sobre todo cuando los derechos de las mujeres, incluso en el siglo XXI, siguen siendo vulnerados.

 

 

 

Loreto Casanueva